Un Mundo de Vanidades

No voy a caer en aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero eso sí, ahora que existe una pugna abierta por controlar las televisiones públicas y más concretamente los telediarios, creo que debemos estar más atentos al resto de los medios de comunicación y a las redes sociales que generan noticias de forma más libre. Es bueno que cada uno forjemos nuestra opinión sobre los acontecimientos que van sucediendo en el día a día, pero el peligro está en los partidos que buscan adoctrinar con acciones que van desde el silencio de ciertas noticias contrarias al gobierno y el altavoz de otras que buscan distraer nuestra atención de lo realmente importante.

Por otra parte es muy fácil caer en ciertos programas donde el personaje central es la frivolidad y hasta la superficialidad. En el fondo este formato resulta atractivo, pues el famoseo siempre genera noticias que no exigen del espectador una gran concentración y nos sirven para distraernos. El problema viene cuando estar conectado a este tipo de contenidos nos aleja demasiado tiempo de la realidad en nuestro día a día. También puede ser muy peligroso tomar como referencia los problemas de la vida de otros y no dedicarnos a los nuestros. En el fondo somos más “cotillas” de lo que nos gusta reconocer y si esto consigue instaurarse en nuestro tiempo de ocio, como algo habitual, seremos parte de un ATRÁPAME en lugar de un SÁLVAME.

Todo puede tener su espacio, pero asistimos a una pérdida de contenidos culturales y de entretenimiento donde el conocimiento, la ciencia y o la naturaleza sean importante palancas educativas. No digamos nada del deporte que es un espacio mayoritario en los informativos donde solo se habla de fútbol masculino y donde se da más importancia a si a tal jugador le aprieta la bota o ” le hace una rozadura en el pie ” o si tiene un nuevo corte de pelo o un nuevo tatuaje… Mientras tanto, no se dice una sola palabra de éxitos mundiales de muchas mujeres que suben a lo más alto del podio o como mucho nos sirven las emocionantes imágenes de la medalla, pero no la retransmisión del evento. Como mucho puede que consigas verlo en diferido por alguna cadena.

La cosa se complica aún más si tienes niños pequeños y jóvenes que podrían ver programas de corte familiar en los que la audiencia se dispara como La Voz, Mira Quien Baila o Masterchef. Debemos exigir una programación realmente enfocada a educar; documentales, películas, etc, adaptados en sus contenidos y horarios para proteger la infancia, no castrando los contenidos sino con ciertos filtros en el lenguaje o las imágenes. Estoy escribiendo esto cuando nos acercamos a la una y media de la madrugada y mientras la televisión pública emite, en la primera cadena, la final de este Masterchef de famosos, ¿Cuántos niños están sentados viéndolo?. Hay que tomar en serio la también la conciliación de los horarios y los intereses por captar audiencia, todo no vale señores. En pocas horas hay que asistir al colegio, madrugando y estando atentos, no vale con estar sentados en su silla, sino comprender lo que se explica y para eso el sueño no es un buen compañero de viaje.

Se impone el imperio de lo efímero en nuestra sociedad y en nuestros dirigentes que como ha sucedido en España, manejan el consejo de RTVE con personas que se prestan a hacer política desde la información. La idea es controlar la maquinaria industrial que maneja la información para vaciar la cultura de valores firmes y contrastados para que la mayoría siga la corriente.

No es mi intención ofrecer una visión pesimista de la vida, pero quizás entre todos podamos plantear alternativas a este narcisismo social que se manifiesta en una obsesiva preocupación por uno mismo. Como si el mundo comenzara y terminara en nuestro yo. Nos faltan ejemplos de algo que este país lleva a gala en la esencia de ser español. Me refiero a la generosidad, al altruismo social, no en vano encabezamos el ranking mundial en donación de órganos pero nos estamos despedazando entre nosotros mismos. Hemos llegado a un punto, extremadamente preocupante, donde los separatismos están fragmentando la fuerza de una nación que no es otra que el espíritu de unidad ante una bandera, lo que no tiene que entrar en conflicto con la de sentir y defender la de tu región; ni con ser de un partido político o de otro. Hemos vivido en paz tras una guerra civil y una transición democrática ejemplar, pero ahora vivimos una peligrosa fractura de la convivencia.

Deberíamos tomar distancia y pensar quiénes son los que realmente sacan beneficio de todo esto.

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