Es imposible ganar ninguna guerra sin confesar el verdadero amor

Esta es la puerta de nuestra casa, desde donde parten y llegan los rutilantes pasos que me acercan al final de cada día.
Mañanear las horas, un placer inconfesable que reanudo cada vez que puedo, reteniendo las agujas del sol hasta en los días menos apetecibles…

Contemplar la primavera como un despertador de semillas y de adormecidas vidas, cruzando la agonía de la tarde al despedirse sin vencer esta larga lista de ausencias que me aplastan de melancolía.

Seguramente revivir recuerdos sea parte de nuestra liturgia al acercarnos a quienes ya no están, mientras se agita el corazón, desbocado, al comprobar que has perdido otra gota de sangre más….

Es imposible ganar ninguna guerra sin confesar el verdadero amor. Maite .

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