La Muerte No Es el Final

Llevo unos días consternado, dando vueltas al vacío del mensaje que nos deja la pérdida de la vida, la pérdida de alguien que sin conocerlo personalmente te puede llegar a remover las entrañas.
Va pasando el tiempo y mi retina repite sus caras, sus nombres y sus rostros que se funden con mis recuerdos, mis tragedias y mis sentimientos de ausencia. Intento buscar una explicación y las que me vienen son tan profundas como difíciles de expresar, aún así creo que este estado de ánimo no parte de mí, sino de la necesidad de aportar algo que pueda servir de consuelo a todos los que hemos tenido que dar paz a nuestra alma y a las de quienes nos rodean, para aceptar un enigma tan misterioso como la muerte.
Una y otra vez esta música, este himno que llega de distintas formas y que me abre, en canal el corazón. Hoy me lo ha pasado mi hermano Ricardo en forma canción cristiana, cantado por un coro de iglesia. He descubierto que su autor era un sacerdote español, Cesáreo Gabaráin, que compuso esta maravilla tras perder a Juan Pedro, un joven organista de su parroquia que fallecía con solo 17 años. Posteriormente las fuerzas armadas españolas adoptaron esta música en 1981, como el himno que se entona ante la llama eterna del monumento a los caídos por España, en su honor.

Tú nos dijiste que la muerte,
no es el final del camino,
que aunque morimos no somos,
carne de un ciego destino.
Tu nos hicisteis, tuyos somos,
nuestro destino es vivir,
siendo felices contigo,
sin padecer ni morir.
Siendo felices contigo,
sin padecer ni morir
Cuando la pena nos alcanza
por un hermano perdido,
cuando el adiós dolorido
busca en la Fe su
esperanza.
En tu palabra confiamos
con la certeza que Tú
ya le has devuelto a vida,
ya le has llevado a la luz,
ya le has devuelto a la vida,
¡Ya le has llevado a la Luz!

La canción es más larga pero es suficiente para descubrir que “muriendo vivimos otra vida”, otro camino que no escogemos… El precipicio es… ¿cómo descubrir esa Luz, ese camino que nos acerque a los que se marchan?

Esto de las redes sociales hace que las imágenes circulen a tanta velocidad como para que impacten en las cabezas y los espíritus. Estamos dispuestos a preguntarnos algo más sobre la interpretación de los mensajes que nos producen. En este sentido no pude dejar de escribir unas palabras por el Capitán Borja Aybar. Cuando el día 12 de octubre, tras el regreso del desfile militar por la Fiesta Nacional en Madrid, su avión se estrellaba en Albacete. Después de volver a escuchar el himno de marras y sentir mucho dolor (con el respeto a su familia) para, apenas cinco días más tarde, conocer de nuevo otro accidente, en este caso del teniente Fernando Pérez Serrano.
Precisamente es ahora cuando vuelve a intensificarse todo. Una búsqueda interior se activa, quizás su nombre, su juventud… La verdad es que esto ha vuelto a calar en mi, el himno de nuevo y la noticia que como una “noria recurrente” vuelve a sacar el más hondo dolor. Renace en mí la tragedia del incendio y la muerte de mis padres. El humo y las llamas, vuelve ese inolvidable y tóxico olor, a la vez que el himno se repite en los informativos y en mi mente. Soy consciente de que lo tarareo en silencio, como una llamada sobre mi mismo que también me recuerda la muerte de mi cuñada Lourdes, tras su accidente hace ahora más de dos años.
No es fácil asimilar que en un instante se escape quien amas sin poder hacer nada, ese choque contra la nada es un estado de shock que tarda en dejarte reaccionar.
Si la “Luz” se quebranta y el viento aleja el eco de los últimos pasos es que se ha desplomado la voz como un árbol abrasado por el rayo mortal, ese que a todos nos aguarda en la consumación del tiempo.

El último vuelo del teniente Pérez me dejó sin sueño y estuve leyendo mucho acerca de cuánto le valoraban y querían los suyos. Su excelencia en los valores cultivados en su familia (esfuerzo, valentía, entrega y su nobleza) hacen más triste e inconmensurable esta trágica pérdida. Entre horas de insomnio he leído lo que decían de él los que le conocían, sus superiores, amigos y profesores. Al ver su cara, su mirada y su felicidad con quienes compartía los días, se me hace aún más difícil encajar esto desde la base de lo inteligible. Es cuando solo desde la fe puedes llegar a soportar algo tan aplastante como inesperado, algo imprevisible que nos desorienta y nos transporta a un lugar donde mana la ausencia del calor que desprende el cuerpo de quien has tenido su pecho en tus manos. Es una brasa en el corazón apagado por el duelo que mantiene la llama perpetua de quien amas. Un brillo perenne que nos trae el resplandor de las caricias y los besos compartidos para siempre.
En esas horas quería dormir y no podía. Entre esa media vela creía ver la imagen de un reloj que acompañaba al teniente en sus vuelos a otros cielos. No sé el motivo de este reloj que cuenta minutos especiales para él y para todos los que lo han conocido….
Sé que este estado es pasajero para mí, pero la necesidad de contarlo ahora es enorme y también se que siento esta gran inquietud por transmitir calma para quienes no la tienen. Pienso en la crueldad de esos momentos que he vivido al recoger los recuerdos, de los que no te puedes apartar y sé que esta liturgia es la mejor ofrenda para quien ha tenido que partir contra su voluntad, sin despedirse.

Entones otra vez el himno, como una plegaria para alargar el espíritu de quien era el condecorado guardián del aire, para quien nos protegía a todos con su F -18. Era el primero, el mejor de todos para estar a la hora precisa en el cielo, incansable protector de las vidas… Ahora junto al Dueño del Firmamento comparte los sueños de los que le aguardan. Él tutela la espera del reencuentro con sus familiares, con su novia y con sus amigos. Otra vez ese reloj especial que me recuerda su plenitud, su puntualidad y su carisma, destacando entre los héroes que decidieron servir a la patria y salvar vidas con la suya, un auténtico líder, un campeón. Estos son algunos de los motivos que me han llevado a escribirle y por eso voy a unir mis sentimientos con lo que me han hecho sentir el día que los dos pilotos volaron al infinito.
La grandeza de quienes dan la vida por los demás es, siempre, un misterio y en este caso está acrecentado por la cercanía con se suceden los acontecimientos. Yo soy de los que pienso que nada sucede por casualidad y no siempre podemos llegar a comprenderlo, somos simples hombres de naturaleza muy débil e imperfecta.
Algunos pensarán que ya no habrá más apasionados versos de amor para quien no está. Pero hay un lugar transparente, donde la magia de la luz descubre el alma de los héroes.
Uno no decide darlo todo de repente, no, eso no sucede así. Es un largo proceso difícil de explicar, íntimo perfil que solo algunos elegidos pueden esculpir un corazón tan noble y generoso desde el vientre de sus madres. Los valientes forjan su personalidad en esta estrecha unidad con quien les da la vida. Esto lo sabe muy bien doña Concha Serrano Barberán que forjó en el teniente una personalidad inquebrantable, con una infinita fuerza interior nacida de una voluntad indomable.
En toda la naturaleza siempre es la progenitora quien forja el carácter de los recién nacidos, impregnando sus vida para siempre y su concepto del mundo a través de sus infinitos cuidados y de un cordón umbilical que jamás se rompe, solo desde esta premisa puede comprenderse el amor.

La ardentía de la sangre es un código de complicidad eterna que desafía a las reglas del universo. Este enardecido pálpito de que hay algo más detrás del cielo, es una llameante corriente de sentimientos que no puede mutilar la muerte. Además es la puerta de la esperanza para quienes buscamos a los que se han marchado. Es un eco de torrenciales reflejos, deseos y visiones que nos aseguran la consumación de un reencuentro.
No los conocía y es difícil transmitir lo que sentimos los que compartimos la impotencia de la pérdida, pero a la vez estamos al otro lado del dolor de quienes aún os aman, de vuestros padres como de vuestras familia, de vuestros seres queridos, de los amigos y compañeros.
De repente quieres lanzar al aire unas palabras que lleguen a dar consuelo, para poner en valor vuestro ejemplo y para tranquilizar el desgarrador desconsuelo a quienes esperan.
Encontrad La Paz eterna junto al Dueño del Universo y cuidar desde allí a los que no sabrán vivir sin vuestra presencia.
No existen palabras para explicar esto, pero estas pretenden ser un pequeño gesto hacia los héroes, ellos que siempre sobreviven en los que sabemos que ” el amor vence a la muerte “, hasta el punto de que quien no ha amado no ha vivido realmente.
Cuidabais del aire con vuestros vuelos y ahora cuidáis del cielo eterno.
¡Gloria y honor para quienes disteis la vida por España!
¡Que Dios os bendiga!

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Comentarios

La Muerte No Es el Final — 14 comentarios

  1. La vida presente no es más que un trámite, que desenboca señala vida verdadera, en la plenitud de la vida.

    Esta nueva vida no se agotará en el tiempo histórico, sino que tiende a la superación o victoria del último enemigo, la muerte, y con ello la vida eterna.

    Lo importante es nuestra fe, o lo que hacen estos héroes, defender la vida de los demás, que mayor acto de fe.

    Pero también son héroes los que sacan a su familia adelante con amor y dedicación, y es por eso que cuando escuchamos la “muerte no es el final” se nos encoje el estomago, aprieta el pecho y lloramos, porqué nos acordamos de todos los héroes de nuestra vida.

    Gracias Fernando, por hacerme pensar y reflexionar por los héroes en mi vida.

    Un fuerte abrazo amigo.

  2. Unas palabras de profunda reflexion, Fernando.
    Una reflexión que sin duda, todos hemos compartido, ya no solo en lo referente a estos dos maravillosos hombres a los te refieres, cuyas muertes llenas de extrañeza, honor y hasta casi te diría, con un punto de épica, nos han sumido a todos, en una profunda consternacion.
    Si no, por la parte personal que a cada uno nos ha correspondido vivir.
    A veces pienso en la muerte, ¡ y quién no !, es algo tan ligado al ser humano, por lo presente, y sobre todo por lo inevitable de su certeza, que revolotea por nuestra mente de una manera u otra. Algunos sienten un miedo terrible, a otros no nos causa ese sentimiento, pero si la lógica inquietud, del no saber cuándo, de saber que tienes que estar preparado. Eso a veces resulta agobiante, no tener concertada su visita en tiempo y forma. Eso es quizás, lo que a veces resulta tan devastador, que no cumpla el protocolo de nuestra lógica.
    Y no nos paramos a pensar en que el dueño y señor de tiempos y momentos, es Dios, si todos tuviéramos eso en cuenta, nuestra lógica angustia ante la “negra dama”, no nos parecería tan horrible.
    Confieso qué, siéndo creyente, respetando a quienes no lo son, me causa una angustia especial pensar en como debe ser de insalvable el abismo de vacio qué, antes estas personas, debe resultar la muerte. ¿A qué concepto recurriran a qué sentimientos o certezas?
    Debe de ser horrible sentirse dominado por ese vacio de pensar que la muerte “si es el final”. ¿ O en esos momentos sus almas y sus corazones, verán un atisbo de esperanza, de luz, de fé?
    Me consuela pensar que la mayoría de atéos, llegados a ese momento, si sean capaces de dejarse tocar por “la varita mágica” del amor de Dios, para tener paz y serenidad.
    Con la certeza de que nuestro paso por aqui, es eso, un paso hermoso o terrible, depende de cada caso, con esa esperanzadora realidad hemos de vivir, la de saber que esta vida es, un paso ineludible hacia la presencia eterna ante nuestro Señor, y el reencuentro con los ya partieron, y tánto amamos.
    “La muerte no es el final”……,

    • Unas palabras de profunda reflexion, Fernando.
      Una reflexión que sin duda, todos hemos compartido, ya no solo en lo referente a estos dos maravillosos hombres a los te refieres, cuyas muertes llenas de extrañeza, honor y hasta casi te diría, con un punto de épica, nos han sumido a todos, en una profunda consternacion.
      Si no, por la parte personal que a cada uno nos ha correspondido vivir.
      A veces pienso en la muerte, ¡ y quién no !, es algo tan ligado al ser humano, por lo presente, y sobre todo por lo inevitable de su certeza, que revolotea por nuestra mente de una manera u otra. Algunos sienten un miedo terrible, a otros no nos causa ese sentimiento, pero si la lógica inquietud, del no saber cuándo, de saber que tienes que estar preparado. Eso a veces resulta agobiante, no tener concertada su visita en tiempo y forma. Eso es quizás, lo que a veces resulta tan devastador, que no cumpla el protocolo de nuestra lógica.
      Y no nos paramos a pensar en que el dueño y señor de tiempos y momentos, es Dios, si todos tuviéramos eso en cuenta, nuestra lógica angustia ante la “negra dama”, no nos parecería tan horrible.
      Confieso qué, siéndo creyente, y respetando a quiénes no lo son, me causa una angustia especial pensar en como debe ser de insalvable el abismo de vacio qué, antes estas personas, debe resultar la muerte. ¿A qué concepto recurriran a qué sentimientos o certezas?
      Debe de ser horrible sentirse dominado por ese vacio de pensar que la muerte “si es el final”. ¿ O en esos momentos sus almas y sus corazones, verán un atisbo de esperanza, de luz, de fé?
      Me consuela pensar que la mayoría de atéos, llegados a ese momento, si sean capaces de dejarse tocar por “la varita mágica” del amor de Dios, para tener paz y serenidad.
      Con la certeza de que nuestro paso por aqui, es eso, un paso hermoso o terrible, depende de cada caso, con esa esperanzadora realidad hemos de vivir, la de saber que esta vida es, un paso ineludible hacia la presencia eterna ante nuestro Señor, y el reencuentro con los ya partieron, y tánto amamos.
      “La muerte no es el final”……,

  3. El misterio, de la vida la muerte, algo que todos tenemos asegurado. Pienso que después de la muerte hay vida, yo me aferro a ese pensamiento, y tiene que ser mejor, que la vida que tenemos ahora, yo no pido, lujos, en esa vida, pido paz, tranquilidad, abrazar a tus seres queridos, ser mejores unos con otros, porque si es peor, que lo que vivimos en la Tierra, no lo quiero.Yo perdí una hermana, hace 8 años, de una dura enfermedad, a el principio me enfade mucho con el Señor, por su muerte, pero luego me a ferre a la Fe, y fue esa Fe, la que me ayudo y mucho a superar, la pérdida de mi hermana. Por eso siempre digo, que hay que tener mucha Fe, para que nos ayude a superar, la pérdidas de nuestros seres queridos, porque ellos, no están físicamente pero espiritualmente, siguen con nosotros.

  4. Todos los que hemos perdido a un ser querido y mas aun si ha sido recientemente tenemos ese sentimiento y la necesidad de buscar un consuelo que efectivamente a mi me lo da la fe. Igualmente también lanzo mis palabras al cielo y seguro ,seguro que son recibidas con cariño por esa nueva vida que han comenzado los que ya se fueron.

  5. Eres un genio de gran sentimiento, hermosa escritura, enorme corazón y sentimiento noble. Es una belleza disfrutar de este texto te lo digo de corazón amigo. Personalmente me has hecho emocionarme y reflexionar sobre diferentes cosas. Gracias por compartirlo Fernando. Un abrazo.

  6. Sin duda es un tema muy difícil y del que la mayoría solemos huir……, se nos llena la cabeza de sentimientos, dudas y frases que no sabemos acabar.
    Te tengo que felicitar por la gran capacidad que tienes para plasmar con letras un tema complejo y profundo, y darle esa facilidad de lectura que se comprende al paso de cada frase

  7. Sin duda es un tema muy difícil y del que la mayoría solemos huir……, se nos llena la cabeza de sentimientos, dudas y frases que no sabemos acabar.
    Te tengo que felicitar por la gran capacidad que tienes para plasmar con letras un tema complejo y profundo, y darle esa facilidad de lectura que se comprende al paso de cada frase

  8. Bonita cancion a la vez que triste, en muchas ocasiones ya, me ha tocado cantarla junto a mis compañeros. Ademas, desgraciadamente lo he sufrido en mi propia piel con 2 compañeros en menos de 1 mes, casualidad en una mision que incluso parecia no estar destinada para al menos 1 de ellos. Bonitas palabras, y comparto lo mismo, las cosas suceden por algo. Un saludo.

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