Ni a Un Minuto de Ti (y III)

La inesperada muerte de mis seres queridos me hizo cambiar muchos planteamientos sobre el vivir al día. No es fácil sobreponerse al infinito dolor de la ausencia pero con el tiempo afloran sentimientos positivos que te acercan a ellos. Ahora el accidente de Fernando con su avión me ha devuelto a este punto de partida para escribir y recordar que siempre debemos aprender a descubrí otras formas de comunicación con los van partiendo.

Mi teniente, Fernando Pérez, es un ser humano excepcional con una grandeza de espíritu y un corazón limpio reconocido por todos. Un hombre que trabajaba por La Paz y con valores tan grandes que tiene su salvoconducto como tarjeta de visita con Cristo.

Esta es la ecuación que me hace pensar así, de un lado la misericordia y del otro la justicia. Quizás esto sea lo que me ha llevado a querer hablar de mi cercanía a estas impresiones que otra madrugada me llevan a escribir.

Es en estas horas de la noche cuando mi consciencia física se agota y puedo enfocar mi interior hacia lo menos material, cuando puedo asegurar que hay algo más.

Algo que te permite agudizar un sexto sentido. Otra forma de aprender, estar consciente de lo que se sientes, de ser tú mismo en el momento presente. Observando tu ubicación, el tiempo presente y tus sentimientos.

Inexplicablemente en estos días he sentido la presencia de alguien desconocido que me recordaba su existencia para dar calma a quienes no saben vivir sin él. Algo que me hacia sentir la necesidad de transmitir impulsos, como el flujo eléctrico necesita del otro polo para que “chispa” eléctrica produzca luz.

Esa luz que enciende la sangre de las personas que se han dado el uno al otro y ahora esa energía necesita llegar a un nuevo sitio. Ha sido el amor de Fernando y Alejandra el que me ha llevado a revivir recuerdos. Estas madrugadas de amanecida en mi sillón, esperando ese punto creciente en el que la noche se retira al llegar el sol. Sentir soledad en compañía, abrir un tímido párpado para observar la otra orilla, el otro polo del extremo del cable.

La extrema dificultad de esto es justo el estado que te permite positivizar la amargura sin reproches. Una especie de complicidad que te deja aceptar lo sucedido sin conformarte, pero calmando la sensación de perdida por la de reencuentro en la vida. Es una forma de llevar tus sentidos gradualmente a un “enfoque suave”, a un estado en el que estas menos consciente de los detalles físicos a tu alrededor. Justo el momento antes de llegar a dormirte, donde nacen los sueños que luego no sabes si realmente han ocurrido.

Algo muy difícil de narrar pero que es como empezar a “flotar mentalmente” en los brazos de una buena energía. Siendo consciente de que las respuestas no serán en forma de palabras, pueden ser imágenes o simplemente emociones con las que organizar los sentimientos y las ideas.

Siempre merece la pena vivir con las manos libres y los labios dispuestos a despertar la ternura, recorriendo largos días muy deprisa pues los calendarios no explican la profundidad de cada momento. No vale la pena enmarcar relojes que cuenten el tiempo como centinelas.

Lo que da sentido a la vida es consagrar los minutos al amor para hacerlos eternos. Esta es la verdadera medida de lo que nos sucede en el mundo, hasta el punto de que quien no ama, no ha vivido realmente. No ha sentido… simplemente no ha existido nunca.

NO HAY UNIVERSO QUE GUARDE LA INMENSIDAD DEL AMOR AUSENTE

LA NUEVA CASA PUEDE ESTAR LEJOS, PERO NI A UN MINUTO DE TI.

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Comentarios

Ni a Un Minuto de Ti (y III) — 2 comentarios

  1. ¡Ay, Fernando, maestro! Tengo un buen amigo (otro), con el que suelo hacer filosofía muy a menudo, que suele referirse a los “humanos adultos estándard”. Desde luego, ¡tú no lo eres en ningún caso! Creo que es cuestión de sensibilidad.
    Todas esas percepciones, esos olores que impregnan tus recuerdos, esas sensaciones de estar o no estar solos… son señal de un corazón grande y de una mente despierta. Hay que tener una apertura especial hacia la vida, hacia todo lo que nos rodea, para expresar como tú haces esa manera de estar vivo.
    Gracias por hacer el esfuerzo de escribirlo y compartir con todos nosotros tu ser-sensible, porque así yo puedo recoger el guante y hacerme también más sensible.
    Paz y bien, amigo.
    D.

  2. Yo sé que hay «otro mundo» entre lo divino y lo humano, ahí en medio. Que bonita debe ser esa sensación de percibir a quienes no vemos pero amamos.

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