Vivir la Ausencia

Mis Reyes han llegado con retraso pero estoy muy contento con estás gafas nuevas. Me las ha hecho Maite en Miller and Marc.

Hoy he pasado la tarde con mis sobrinos y mi hermano Ricardo respirando el mismo tiempo y compartiendo la vida con ellos…

Vivir la ausencia de Lourdes me paraliza el corazón. He tenido a su perro cogido en mi regazo, como ella hacía y hemos podido nombrarla con cierta naturalidad.

Los pequeños mantienen intacto tu amor, no solo como un recuerdo sino que hablan de ti y de tus cosas en presente. Y no me sorprende pues a mí me cuesta hablar de ti y de mi madre, como si fuerais parte del pasado.

Por eso os digo “respirar el tiempo“, como una acción que nos transporta a ese amaneciente azul de los sueños. Ese que al cerrar los ojos nos hace vivir las cosas con el especial realismo de los deseos, ese que solo pervive en el indomable amor.

He querido disfrutar hasta la última brizna de luz junto al ventanal, en tu sillón, donde por la rendija se cuela el olor de los naranjos. Pensar en ti, en estos tres años de tormenta… siempre me llevan a la casilla de salida, no tenerte aquí es terrible. Sabes que todo está igual, tus perfumes, tus ropas y tus labios que cubren toda la casa…

Nada ha cambiado pero ellos han crecido, un hombrecito y una mujercita. Hay cosas que no les podremos enseñar sin ti, ni en mil vidas; pero les vamos a ayudar a ser buenitas personas con tu ayuda y la de Dios, serán buenos cristianos.

Ya funcionan como un pequeño ejercito y quitan la mesa mientras fregamos la loza. Los hemos protegido un poco de más, pero ya están más fuertes y podemos darles más “caña”; no con la misma firmeza que tú, pero lo intentamos.

Sé que sabes todo esto, pero a mí me reconforta decirte que no destilamos hiel ni rencor por las heridas, sino que el antídoto de tu amor permanece. El dolor no nos ha vencido, vivimos este incierto camino hacia el confín de los sueños, con la esperanza de escuchar el aire en torbellino, como el susurro de tu voz.

Podría hablarte horas y horas pero sé que tú lo sabes y esto solo es mi torpeza para explicarte, para decirte que te amamos, pero sosiega mi alma dedicarte un poco de todo esto como ofrenda… Estas palabras arden al pronunciarlas y ningunas de ellas transmiten todo el dolor de sentir como la propia vida quema la esperanza. Es como imponer “La Paz“ con una bala resonante que trompetea el final.

Nadie puede acallar la falta de un beso maternal, sobre la noble frente de un hijo… Todo lo demás solo son destellos de tus limpias retinas, querida cuñada.

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